La escuela nos da conocimientos pero no habilidades y destrezas para aplicarlos a la vida. Así ha sido durante mucho tiempo y así será hasta que nos decidamos a cambiar, de una vez por todas, el paradigma educativo imperante.


El conocimiento ya no es una posesión del docente, ni tan siquiera de la escuela, el conocimiento está en todo lo que nos rodea, es fácil y rápido acceder a él. La información está disponible en todo momento y en todo lugar y se actualiza permanentemente. Por ello, la escuela tiene la imperiosa necesidad de transformarse para convertirse en un espacio donde despertar la curiosidad, fomentar la creatividad, identificar y controlar las emociones, trabajar colaborativamente y prepararse para la vida y para ser feliz.



Enseñar no es rutina, repetición y recitación (las 3 R) sino que es creatividad, colaboración y corazón (las 3 C). Por eso, la educación que se proponga en nuestros centros educativos debe partir del impulso natural por aprender que tenemos las personas y debe dejar de lado la recitación memorística de datos. Debe ser una enseñanza que permita a las personas desarrollar todo su potencial, que les permita vivir autónomamente (incluido en lo económico), que les posibilite seguir aprendiendo durante toda la vida. Las personas aprendemos desde la cuna hasta la tumba y el aprendizaje es el que permite alcanzar la felicidad (o los momentos de felicidad) que es lo que da sentido a nuestra existencia.




Para poder enseñar aplicando las 3 C, hay que entender que, como dice María Acaso, lo que los profesores enseñan no es lo que los alumnos aprenden. Para que la enseñanza tenga sentido, el docente debe preguntarse en todo momento ¿A quién estoy educando? Es una obligación para cualquier docente conocer a sus alumnos, pero esa también es una misión imposible: el alumno no siempre es exactamente como lo percibe el docente. Por eso, la educación es un diálogo y no un monólogo. El aprendizaje significativo, aquel que tendrá una incidencia real en la vida de los alumnos, solo puede alcanzarse dialogando.


Dialogando docentes con alumnos, alumnos con alumnos, docentes con docentes, docentes con familias... todos debemos participar de la construcción del aprendizaje. El docente debe asegurar que los cimientos sean sólidos, pero para edificar el saber deben participar todos los implicados.


Enseñar es imposible, por eso aprender es la clave de la educación de nuestros alumnos.


Publicado por Salvador Rodríguez Ojaos
(http://salvarojeducacion.blogspot.com.es)